Poemas
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30/10/2026 00:00

Pagando con su misma moneda
Rainer Pimstein **
Jacinto Blanco era hijo del camionero Ulises Blanco, que había tenido ese hijo a una edad de 50 años; hoy Ulises es un hombre quieto que solo recuerda sus aventuras cuando los viajes a Caracas tardaban 30
días; los autobuses eran camiones mineros adaptados con una carcasa para llevar pasajeros, las maletas eran amarradas con mecates a una parrilla sobre el techo, los pasajeros sabían que el viaje era de trabajo
y no de placer, ya que solidariamente debían empujar el autobús cuando se empantanaba en alguna quebrada crecida, otras veces había que esperar que bajara la crecida para poder continuar, eran los ratos de distracción porque se jugaba naipes y no faltaba quien brindara algunos bocaditos...después de bajar el paramo, venía el llano, con sus angostos pero corrientosos ríos, los que eran atravesados montando el autobús en una balsa, bien amarrado a las jarcias de la estructura.
Lo importante era conseguir a los balseros del lado de uno, porque la espera era riesgosa ya que en los bordes de los ríos cundía mucho la fiebre amarilla. Si tocaban los balseros del lado contrario, después del los escandalosos chiflidos, era menester que los balseros terminaran de almorzar y se decidieran a jalar las cuerdas del lado opuesto para acercar la balsa al autobús o movilizar la balsa con los remos de bambú si el río no era tan ancho.
Jacinto de niño, había servido para ayudar en la casa, pero no para el estudio, sobresalía más por su astucia que por su inteligencia, su madre lo mandaba a moler el maíz sancochado para las arepas, lo mandaba a comprar cosas que necesitaba para la cocina...el cumplía pero siempre sacaba alguna ventaja de los mandados, así conseguía la arepa más grande o solicitaba la ñapa en el abasto de don Lucio Rojas.
Cuando el padre lo enviaba a hacer trabajos más de hombre, como ayudarlo a reparar el autobús, no contaba con él, de modo que sus relaciones eran conflictivas y más de una vez tuvo que perseguirlo para
darle unos cuantos azotes, cuando eso ocurría, el hijo se perdía, apareciendo más tarde como un humilde corderito amparado bajo las faldas de la madre.
Actualmente con 16 años a cuesta, con la virilidad despertada por unas primas alegres, Jacinto casi un hombre, ya constituía un parásito en la casa, de modo que el padre decidió que tenía que salir a trabajar fuera. El mismo padre habló con su amigo el jefe civil, solicitándole un empleo para su hijo descarriado...después de unos días, éste le ofreció un trabajo de escribiente en la policía de investigaciones. Allí conoció Jacinto las miserias del hombre como robos, asaltos, violaciones, amenazas, intrigas, asesinatos...etc.; las cuales en vez de lamentarlo, le producían una especie de sádico placer. Con su habitual viveza, si llegaba alguien a denunciar un robo, él cobraba por hacer el escrito de la denuncia y por agilizar los trámites para que el caso llegara a feliz término...Después de trabajar 7 años en la institución, fue expulsado por cohecho y tráfico de influencias, ya que estaba desprestigiando a la institución, cuyo objetivo era prestar un servicio gratis a la población, como apoyo al sistema judicial.
Con el arreglo que le dieron, anduvo 2 años deambulando y gastando el dinero en bares y mujeres, hasta que sus bolsillos quedaron completamente vacíos. Con posterioridad supo que en la ciudad necesitaban
policías, presentó los papeles y en base a su experiencia anterior, lo aceptaron en la policía, de modo que sin esperar mucho llegó a vestir el flamante uniforme azul.
Los primeros trabajos que le encomendaron fue patrullar los barrios pobres de la ciudad, controlar las ventas de cerveza clandestinas, las ventas de licores, la delincuencia, la venta de drogas, la prostitución...etc. Su política era dejar trabajar a todo el mundo pero cobrarles una protección, los que no estaban dispuestos a pagar, sufrían el decomiso de la mercancía o iban presos por no acatar la autoridad. La gente protestaba, alegando que no conseguían trabajo y para poder vivir y mantener sus familias, debían ejercer esas actividades ilegales y las escasas ganancias que lograban, además debían compartirlas con un policía corrupto... En varias ocasiones fue reprendido por sus superiores, calmándose un poco la situación para los pobladores, pero luego seguía con las mismas andanzas.
Sus jefes obstinados con el comportamiento inadecuado del subalterno, para no perjudicarlo, ya que permitía, aunque fuera por miedo, el respeto a la autoridad, lo trasladaron a los campos circundantes a la ciudad, para controlar las ventas de aguardiente, los productos químicos prohibidos, las fiestas públicas y los desordenes de los borrachos.
En esta nueva obligación se sentía un reyezuelo del campo y alejado de las reprimendas de sussuperiores. Allí extorsionaba a los que tenían alambiques escondidos en los cerros, les quitaba los alambiques, llegando a tener un museo de alambiques y el aguardiente decomisado lo vendía por cuenta de él en su casa.
Una vez en una fiesta campesina de violines, dos borrachos se peleaban los amores de una mujer, el policía que también había estado bebiendo, en vez de dialogar con los bebedores o llevarlos a un calabozo, decidió darles una lección, poniéndoles el pico del revólver en la boca, diciéndoles que los iba a matar sino paraban de pelear...con ese madre de susto, los borrachitos enamorados se apartaron, y siguió la fiesta, pero las mujeres cuchicheaban y los hombres mostraban una cara de pesadumbre y un sentimiento de venganza...
Un buen día, los hombres más sabios del campo, cansados de los abusos de autoridad del uniformado, y resentidos por sus ingresos arrebatados, considerando que ya no se trataba de un control legal de actividades, sino de una apropiación indebida del policía, que había pasado los límites de una aceptable convivencia. Por ello decidieron hacerle un parado.
Un día en tiempos de navidad, cuando la gente anda un poco más relajada de los trabajos habituales, iba campante el policía a cobrar su sueldo y bonos navideños, con paso alegre por la diagonal de la plaza del pueblo. En eso se le acerca una mujer desconocida, con un vestido floreado, arreglada como para ir a una fiesta. A la mujer se le escapaba la coquetería por los ojos. El policía sin poder disimular la atracción que le provocaba la mujer, le preguntó que hacía por esos lados, ella dijo que venía de un pueblo lejano, buscando una tía, pero que no había dado con ella, que tal vez se hubiera cambiado de dirección, por lo que se encontraba un poco perdida, al policía inmediatamente se imaginó una noche de placer con la atractiva mujer, diciéndole: yo le puedo ayudar a ubicar a su tía mañana por la mañana, si quiere espéreme que tengo que hacer un trámite en la comandancia y vuelvo, si Ud. no le molesta podemos comer algo por ahí, después le indico un sitio donde se puede quedar con toda seguridad; ay gracias no se moleste por mí, le dijo ella, no es ninguna molestia le replicó él, espéreme aquí que ya vengo; el la miró con picardía diciéndole: confíe en mí, que represento a la autoridad. Bueno, yo lo espero pero no se tarde mucho, que yo no conozco a nadie por aquí. Después de imaginarse un bocadillo que no podía perder, arrancó rapidito el policía echando una mirada cómplice hacia atrás, encontrando una alegre sonrisa observándolo.
Llegando a la comandancia, preguntó si estaban pagando, al contestarle afirmativamente, se emocionó y comenzó a fanfarronear diciendo que lo estaba esperando una princesa. En la caja firmó y recibió un grueso sobre amarillo que metió en su bolsillo interior izquierdo. Llegando al sitio, estaba la mujer dispuesta a acompañarlo, él le dijo: conozco un lugar donde hay comida y alojamiento, es bonito y tranquilo, Ud. dirá, dijo ella, yo de éstos lados no sé nada. Luego de caminar unas 8 cuadras, llegaron a un caserón grande de dos pisos con un restaurant abajo y las habitaciones arriba con una bella vista hacia la montaña.
Se ubicaron en el comedor, el tratando de no ser muy ostentoso le dijo: pide lo que quieras, ella para no abusar de la confianza pidió pollo frito con puré de papas, el pidió un bisteck a caballo, el que tomaba los pedidos preguntó: que van a tomar, cerveza o vino, tengo un vino ligero apropiado para los platos que pidieron, además el vino es bueno para el corazón, dicen los médicos, acotó él ...Mientras estaba la comida, probaban el vino y unos panecillos con mantequilla y salsa de ajo como entrada. El le dijo, llevamos rato conversando y no sabemos cómo nos llamamos, yo me llamo Jacinto para servirla, y yo me llamo Elvira contestó ella. Al rato trajeron la comida, comieron con agrado, ya que la comida estaba sabrosa. De repente entre salud y salud, el le tomó la mano, no rechazándola ella, más bien siguiendo la fiesta. De la conversación surgió que ambos eran solteros, lo que les daba un cierto grado de libertad, para hacer con sus vidas lo que les viniera en ganas, como disfrutar una noche romántica sin remordimientos...
A eso de las 10 de la noche, después de una animada y tendenciosa conversación, él le dijo a ella con picardía: vamos a asegurar la habitación, contestándole ella con una mirada cómplice, al instante llamaron al hombre de los pedidos diciéndole: amigo nos puede conseguir una habitación allá arriba y de paso nos deja otra botella del mismo vino. Al rato apareció el servidor diciendo: ya pueden subir, es la habitación No 7 a la izquierda. No hay problema que cancele mañana después del desayuno preguntó el policía, no, contestó el servidor, estamos completamente a su orden, guardándose para sus adentros el número de la placa del agente En la habitación, siguieron tomando vino y charlando. En un momento él fue al baño, mientras tanto ella dejo caer un potente somnífero en la copa de su uniformado acompañante, cuando él volvió, ella le dijo: vamos a brindar por nuestra amistad, tomándose ambos la copa de un solo trago. Luego ella fue al baño, después de un rato salió del baño arreglada y pintada, su acompañante estaba en la cama, profundamente dormido con la ropa tirada a un lado. Ella lo tapó deseándole felices sueños.
Inmediatamente hizo una llamada telefónica pidiendo que la buscaran en el Hotel las Mercedes a las 12 de la noche...A las 12 en punto, la mujer, bajó muy elegante, en su cartera cargaba un sugestivo sobre amarillo, el
recepcionista interpretó que ella era una prostituta que ya había cumplido su faena y se retiraba como había observado en varias ocasiones en el Hotel; de todos modos, tratando de no ser indiscreto, le preguntó: ?y el policía ?, contestando ella: él está dormido, creo que fue el vino que lo mandó a dormir.También le preguntó quiere que le llame un taxi, no, gracias, me vienen a buscar. Al momento apareció un vehículo, la mujer, con un gesto de despedida, se monto en el oscuro automóvil, el recepcionista se sentó y le subió un poco el volumen al radio, siguiendo su rutina habitual.Al día siguiente por la mañana, se reunieron secretamente los hombres sabios de las 5 aldeas que conformaban los caseríos agrícolas adyacentes a la ciudad. El objetivo de la reunión era escuchar el informe de la enviada, para confirmar hasta qué punto se había cumplido la estrategia trazada por los sabios de la Comunidad. Eran alrededor de las 10 de la mañana, cuando se abrió la puerta de la sala, haciendo su aparición una mujer campesina, delgada, de tamaño bajo, con pequeño busto, con una
vestimenta de trabajo, con un aspecto completamente opuesto a la mujer rellenita, más alta, atractiva y coqueta, con la que se había encontrado el policía el día anterior...
Ella tomó la palabra, contando los pormenores de la misión, al terminar la narración, se metió la mano en el refajo, depositando sobre la mesa el sobre amarillo, aún cerrado, con las mismas grapas con que había sido sellado en las oficinas administrativas de la policía. A continuación todos la felicitaron. Luego abrieron el sobre, contando hasta el último billete, calculando ellos que entre el sueldo de diciembre, las vacaciones y los bonos de aguinaldo, le habían otorgado el equivalente a medio año de trabajo, lo que era una cantidad bastante apreciable y adecuada para los objetivos que se habían propuesto.
El que hacía de jefe del grupo resumió: de acuerdo a lo que hemos conversado haremos una gran fiesta de navidad en la cancha deportiva, haremos competencias deportivas entre todas las aldeas, daremos premios a los ganadores y remataremos con una cena navideña, donde después de la cena repartiremos regalos de navidad para los más pequeños, de todas maneras pediremos la colaboración económica de la gente, para guardar las apariencias. Uno de los sabios sugirió darle a la mujer una cierta cantidad de dinero por su trabajo, estando todos de acuerdo. De inmediato, ella tomó la palabra diciendo: no me den dinero, me parece una buena iniciativa lo de la fiesta, mi mayor satisfacción será cuando le den regalos a nuestros hijos, así recuperaremos parte de todo lo que nos ha quitado este ladrón. Diciendo esto se despidió, alejándose de los sabios...a lo lejos se divisaba su pequeña figura perdiéndose entre los cerros, cual la luna cuando se aleja entremedio de las nubes.
Quince días después, iba el policía como invitado especial hacia la cancha deportiva, el camino estaba adornado con banderitas, los atletas competían, algunos jugaban domino, se repartieron los premios, las mujeres adultas participaban en la cocina y servían las mesas, los hombres habían asado 2 vacunos y 3 corderos, los sabios saludaron al policía invitándolo a comer, éste se tomó un buen trago de aguardiente y saboreaba con buen apetito una pata de cordero. Ya casi de noche repartieron los regalos para los pequeños de las 5 aldeas, incluidos los 3 regalos para los hijos del policía. En un salón adyacente, algunas parejas bailaban...
De madrugada, el policía satisfecho y agradecido, emprendió el retorno a su casa, la luna alumbraba su camino, el policía iba reflexionando: yo tan, mal que me porté con esta gente y ellos me invitan a su
fiesta, me dan aguardiente y comida y además le dan regalo a mis hijos.
El lunes siguiente, llamó a los sabios y les devolvió todos los alambiques que tenía guardados.
** Rainer Pimstein - ingeniero forestal y catedrático.
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